1931 :: Aquellos días febriles

misiones pedagogicasLa España de 1931 vive en su gran mayoría empobrecida. Es una sociedad fundamentalmente rural, harta de hambrunas, desposeída de derechos por una constelación de castas privilegiadas: terratenientes, caciques, nobles, militares y clérigos. La pésima situación económica se agrava con el impacto de la gran depresión del 29. El nivel de analfabetismo, en torno al 45% de la población, es el doble entre las mujeres que entre los hombres.

La monarquía de los borbones, tras Alfonso XII, el reinado de Isabel II y la enorme torpeza política de Alfonso XIII está completamente desacreditada. El ejército es levantisco, demasiado propenso a los cuartelazos y sin ningún prestigio tras las repetidas catástrofes coloniales en las Américas y en Marruecos. En unas elecciones municipales diseñadas para ser la antesala de unas elecciones a Cortes Constituyentes, la población de los grandes núcleos urbanos y las capitales de provincia vota mayoritariamente, a las candidaturas republicanas. En la noche del 14 de abril, Alfonso XIII se exilia en París.

El proyecto de democratización y modernización que se abre en 1931, y que tantas esperanzas despertó en amplias capas de la población española se puso en marcha rápidamente. El gobierno provisional, presidido por Niceto Alcalá-Zamora adoptó las primeras medidas para la reforma agraria, inició reformas laborales, emprendió la reforma militar, aprobó legislación educativa y puso en marcha el Estatuto provisional de autonomía de Cataluña.

El ambiente social, sin embargo, se encrespó inmediatamente. Los enfrentamientos entre la Iglesia y el nuevo gobierno fueron inmediatos. El sector más conservador de la Iglesia, encabezado por el Cardenal Segura, puso todo tipo de trabas al nuevo ejecutivo. El viejo anticlericalismo afloró de nuevo y en mayo de 1931 diversas iglesias y conventos fueron asaltados y quemados. La opinión pública católica se alejó desde un primer momento del nuevo régimen republicano.

Finalmente, en junio de 1931, tuvieron lugar las elecciones a Cortes Constituyentes en un ambiente de relativa tranquilidad. Las urnas dieron una clara mayoría de la coalición republicano-socialista. La nueva Constitución, aprobada en diciembre de 1931, reflejó las ideas de esta mayoría. Estos son sus principales rasgos:

  • El pueblo es soberano: el nuevo estado español se constituye como una “república democrática de trabajadores de todas clases”.
  • Se instaura el sufragio universal: tras un largo debate en las Cortes, las mujeres españolas obtuvieron el derecho de voto.
  • Extensa declaración de derechos y libertades civiles: divorcio, equiparación de los derechos de los hijos legítimos e ilegítimos, derecho a la educación.
  • El poder legislativo quedó en manos de unas Cortes, con una sola cámara de representantes. No había Senado.
  • El poder ejecutivo lo ejercía un Jefe de Gobierno, nombrado por el Presidente, con la aprobación de las Cortes. El Presidente de la República, por su parte, tenía una función representativa y con escasos poderes.
  • El poder judicial estaba en manos de los tribunales de justicia y fuera del control del poder político.
  • Las regiones obtienen el derecho a establecer Estatutos de Autonomía.
  • En lo religioso, la República española se declara laica, lo que se traduce en la separación de la Iglesia y el Estado, absoluta libertad de conciencia y culto religioso, desaparece el presupuesto para financiar el culto y al clero católicos y se prohibe al clero ejercer la educación

Esas aspiraciones y esperanzas siguen vivas.

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